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Ayuntamiento de Móstoles : 75 aniversario liberación Auschwitz

Ayuntamiento de Móstoles : 75 aniversario liberación Auschwitz



Viernes 24 de enero.

Discurso pronunciado por José Ignacio Jiménez-Blanco, vicepresidente de la Asociación Yad Vashem España, en el Ayto de Móstoles.

Alcaldesa, autoridades, vecinos de Móstoles, público en general.

Quiero agradecer en primer lugar esta oportunidad de dirigir unas palabras a este auditorio, en nombre de la Asociación Yad Vashem España, representante de la máxima autoridad de la Memoria de las víctimas del Holocausto.

Y también felicitar a Móstoles y a su Ayuntamiento por esta iniciativa, para celebrar este acto, junto con otras actividades relacionadas como la estupenda exposición de los visados o la conferencia de esta tarde de Javier Bernad.

Conmemoramos estos días el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz, el mayor centro de exterminio creado por la locura genocida del nazismo, el 27 de enero de 1945.

Es una conmemoración justa, pero también amarga. Recordamos aquí una derrota, un fracaso de la Humanidad, que no pudo, no supo o no quiso detener aquella orgía de destrucción de un pueblo, el pueblo judío. Cuando las tropas soviéticas alcanzaron el campo, el mal estaba ya consumado: sólo unos pocos niños y ancianos esperaban, ateridos de frío y miedo, una muerte cercana. Atrás habían quedado millones de seres humanos muertos en cámaras de gas, cunetas, ghettos o marchas de la muerte.

No tenemos nada que celebrar, por tanto, pero sí mucho que recordar y que aprender. Resulta irónico hablar del Día del Holocausto. Quizás sería más apropiado hablar del siglo del Holocausto, ese siglo XX que desenmascaró todo el mal que puede anidar en el ser humano. La Historia ya no se concibe sin una referencia a Auschwitz. Hay un antes y un después, que debe servir como punto de partida hacia una reflexión moral acerca de la condición humana.

75 años parecen muchos, pero no son tantos. Aún hay sobrevivientes entre nosotros, aunque quizás sea éste el último aniversario redondo en el que podamos contar con ellos. Su testimonio es vital -aquí tenemos hoy un ejemplo-, pero su recuerdo, cuando ya no estén, será -como es hoy- imprescindible. Porque la lección que nos deja el Holocausto es universal, en el tiempo y en el espacio.

El odio que fue semilla de la barbarie no ha desaparecido. Incluso los propios supervivientes lo tienen que soportar aún hoy, como la senadora italiana Liliana Segre. Cada semana vemos muestras de antisemitismo en las muy civilizadas Norteamérica o Europa: sinagogas, colegios o supermercados judíos, son objeto de ataques de manera recurrente.

Debemos estar alerta. No podemos minimizar el significado de ninguno de estos actos, aunque parezcan banales. Es imprescindible un consenso social que arrincone estas manifestaciones, sin tregua ni contemplaciones, desde sus inicios. El antisemitismo no pretende acabar sólo con los judíos, es una manifestación de una sociedad enferma que ha perdido sus mejores valores de tolerancia y respeto.

NIEMOLLER, pastor protestante alemán, escribió un poema, que no por conocido, debe dejar de ser repetido

Cuando vinieron a por los comunistas, no dije nada, porque yo no era comunista.

Cuando vinieron a por los socialistas, no dije nada, porque yo no era socialista.

Cuando vinieron a por los judíos, no dije nada, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a por mí, ya no había nadie que dijera nada por mí.”

Un recuerdo también para las víctimas no judías del Holocausto: gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, enfermos mentales y, por supuesto, republicanos españoles que tanto sufrieron en Mauthaussen tras la espantosa guerra civil.

La Memoria del Holocausto, el recuerdo de sus víctimas, es una obligación moral que debemos tener presente. Cada una de estas víctimas es un proyecto de vida segado, amputado, destruido por el odio. Con ello hemos perdido historias personales, descubrimientos científicos, obras literarias. Lo que pudo haber sido y no fue.

En nombre de Yad Vashem, ruego un momento de reflexión, en recuerdo de estas víctimas, con la esperanza de que su memoria viva nos sirva para prevenir la repetición de una tragedia como esta en las futuras generaciones. Sin memoria no hay futuro, como dijo Karol Wojtyla, en su Mensaje “Una reflexión sobre la Shoah”. No podemos olvidar a las víctimas. El olvido sería la pena más dolorosa, como lo era la “Damnatio memoriae” en Roma. Nuestro deber es recordar por siempre.

¡Escribid y recordad!, gritaba el historiador judío Simon Dubnow, momentos antes de ser asesinado por los Einsatzgruppen en Vilna. Recordar y educar. Este es el mensaje de Yad Vashem. La ignorancia es el peor enemigo.

Gracias.